Una mirada desde el infinito

 

 

 

Nuestra Galaxia se llama Andrómeda, es una galaxia en espiral de un poco más de ciento diez mil años-luz de longitud, en forma de lentejuela. Nunca la hemos visto desde el exterior, puesto que ni siquiera hemos podido salir de nuestro sistema planetario, pero estamos seguros de su forma por la distribución de las estrellas en nuestras cortas y frías noches. En este planeta, la noche dura aproximadamente un diez y seisavo de revolución. Esa es la consecuencia de girar en torno a una estrella que hace parte de un sistema binario. En el día (la mayor parte del año) brilla intensamente nuestra estrella principal; la llamamos Alfa y a unos setenta y cinco grados de arco esta nuestra estrella beta; obviamente más opaca y se ve mucho más pequeña en nuestro cielo. Sin ellas no habría vida. Por supuesto que hay explicaciones místicas para el origen de la vida, pero yo no creo en ellas. Yo soy un escéptico. Existen a través de la superficie árida de mi planeta miles de creencias sobre un espíritu que vive en aquel gran mundo (unas cincuenta veces más grande) sobre el cual orbitamos. Pero, por supuesto yo sé que allí no hay nadie. No podría haber nadie con aquellas enormes presiones y temperaturas en ese mundo gaseoso. Afortunadamente existe una ley física que mantiene anclado mi mundo con aquel gigante gris. Es una fuerza que los atrae proporcionalmente al producto de sus masas e inversamente al cuadrado de las distancias de sus centros, esto hace que el tiempo de revolución de nuestro planeta sea igual al tiempo de traslación sobre el gigante. O sea que... oops. Un día es igual a un año! Sin embargo el tiempo de traslación sobre Alfa es mucho más prolongado. Así es que nuestro planeta siempre está mostrando la misma cara ante aquel impetuoso, inspirador de leyendas que los antiguos contaron de generación en generación. Bueno, sólo así podemos vivir...

Recientemente alguien calculó la probabilidad de surgimiento de vida a partir de la materia inanimada. Llego a la conclusión que es imposible. Cuál es la probabilidad que un mundo se encuentre en un sistema de dos estrellas, orbitando sobre uno mayor en la quinta posición, que significara las bajisimas y necesarias temperaturas, que el tamaño sea exactamente el necesario para conservar una tenue y delgada atmósfera? Además cuál es la probabilidad que el silicio y su facultad de combinarse con otros átomos desarrollaran la habilidad de duplicarse a sí mismo, y que luego las diferencias genéticas entre generaciones y el principio que sobrevive el que mejor se adapte llevaran a la especie a donde estamos hoy?
El número es tan infinitamente pequeño que ni se puede escribir en forma expandida.
Siempre me pregunté de donde venimos... y aún no tengo la respuesta. Es la pregunta más importante de mi vida.

Mientras tanto me distraigo mirando las estrellas, en nuestras pocas pero hermosas noches. Fantaseo imaginándome a alguien en aquella galaxia vecina -llamémosla Vía Láctea, por decir algo- escribiendo sobre mi, una forma de vida basada en el carbono, en un mundo de una única estrella, en un brazo de la espiral. Por supuesto que sé que eso no es cierto. Yo soy un escéptico
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