El día en que la conocí

 

 

Aún recuerdo el día que la conocí, en febrero después de haber sobrevivido, sin evento alguno,  al Y2K; en uno de esos días en que inexplicablemente se siente que absolutamente todo va a salir muy bien.  No había ni una sola nube en el cielo y el prado se veía de un verde intenso que junto con el suave viento matutino, hacia ver el campus universitario como si fuera un centro recreacional. Podía oler en el aire que mi vida iba a cambiar; al dirigirme a la cafetería del edificio rosado supe por qué.


Ella era la visión más hermosa que hubiera tenido en mi vida. Llevaba, casi que abrazado, un libro de Algebra Lineal, vestía de manera informal de jean azul y blusa blanca, con el cabello cogido atrás por una pequeña moña que dejaba que el viento lo moviera dando la impresión que más que caminar, flotara hacía mi. Sólo hubiera necesitado verle alas para pensar que era un ángel. Todo, no habría pasado de ser una bella visión de no ser por lo que pasó en seguida.


Subió su cabeza y sentí que su mirada, de un café cristalino, entrara por mis ojos y recorriera todo mi sistema nervioso hasta la derivación más lejana. Ella caminó hacia mi con aquella encantadora sonrisa. La atracción inmediata que hubo fue más grande que la de todo el universo junto. A cada paso que daba el magnetismo que se sentía en el ambiente crecía de forma exponencial. Cuando llegó a mi, pasó lo que tenía que pasar.


Hoy, mientras la abrazo, siento que mi vida es mucho mejor por que ella está conmigo.  Yo nunca había creído en milagros, ni en ningún tipo de cosas sobrenaturales, ni que pudiera besar a alguien con quien nunca había cruzado ni una palabra. Soy lo que se denomina: alguien racional. Y debí haberlo sido ese día de febrero, cuando vi que ese hermosa mujer se me acercaba caminando y cuando a estaba sólo a unos centímetros de distancia, escuché con esa inolvidable voz que me dijo: “Permiso señor”. Y pasó junto a mi para saludar a una compañera de ella que estaba justo atrás mío. Nunca más se percató que yo existía, hasta ahora, ocho años después, cuando el destino por accidente nos llevó a trabajar juntos. Sin embargo, yo, nunca olvidaré ese día.
 

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